El Gordo Valor recuperó la libertad y jura que “esta vez va en serio: me retiré del choreo”

Viernes 6 julio 2018 a las 8:35 am

1530860146044Dejó Urdampilleta con la condena cumplida y volvió a su casa en Pilar con su esposa de toda la vida: “A la cárcel no vuelvo más”.
Luis Alberto “El Gordo” Valor, mítico líder de la “superbanda” que en los ‘90 asaltaba bancos y blindados en cuestión de minutos, salió ayer de la cárcel de Urdampilleta, en Bolívar, para volver a la casaquinta que comparte con su mujer, en Pilar. Tiene 63 años, en las últimas dos décadas pasó más tiempo preso que libre y mañana dará una charla para adolescentes en un comedor de San Miguel.

“Quiere aprovechar lo malo que le pasó para transmitírselo a los más jóvenes y que no se metan en el delito”, dijo en declaraciones periodísticas Juan Manuel Casolati, el abogado de Valor.

Robó 23 bancos, 18 blindados y ayer prometió: “No pienso volver más a la tumba”.

Nacido en San Fernando, Valor fue tornero hasta que en 1986 se sumó a una banda de ladrones para reclutar miembros en villas del Conurbano. En 1991 ya lideraba un grupo conformados por entre 20 y 60 personas que sabían usar FAL, ametralladoras, Itakas y escopetas. A esa organización la vincularon con más de 30 golpes.

“Robábamos cinco blindados por mes. La superbanda respetaba los códigos de la calle y la vida de la gente. No mataba, no violaba, no secuestraba. No le afanábamos a un pobre. Robamos mucho dinero: teníamos para vivir en un 5 estrellas, pero lo hacíamos en un Fitito bajo el puente. Había que vivir oculto”, contó alguna vez.

Sin embargo, Valor terminó tras las rejas.

Los sentenciaron a 24 años por los asaltos y a 20 por el golpe frustrado a un camión blindado en La Reja, en Moreno, donde murieron un policía y dos delincuentes, aunque “El Gordo” siempre negó haber participado de este golpe. “La plata con sangre no sirve”, repetía.

Preso en el penal de Devoto, el 16 de septiembre de 1994 protagonizó una fuga insólita junto con sus amigos Hugo “La Garza” Sosa, Emilio Nielsen, Carlos Paulillo y Julio Pacheco: se disfrazaron con los guardapolvos de los médicos del penal y uno de ellos con la chaqueta de un guardia, redujeron al que estaba en la muralla externa y se descolgaron por las sábanas que habían colgado horas antes, a los tiros en dos autos que los esperaban en la calle.

AQUELLOS DÍAS DE FUGA

Logró mantenerse prófugo 244 días, procurando no dormir dos noches seguidas en un mismo lugar, sin hablar por teléfono y evitando hasta las peluquerías. Era el hombre más buscado del país y lo sabía.

Más de 60 policías encabezados pro Mario Chorizo Rodríguez (referente de la llamada “maldita policía”) lo recapturaron el 18 de mayo de 1995, mientras dormía con su esposa en la pieza de un templo umbanda de Villa Lugano. Y la justicia le sumó otros siete años a su condena.

Tras haber permanecido preso unos 15 años, Valor recuperó la libertad en 2007, con una excarcelación por no estar firme su sentencia.

Pero en 2009 fue imputado por los delitos de “resistencia a la autoridad, violación de domicilio, daño y portación ilegal de armas”, tras protagonizar una persecución y tiroteo que finalizó dentro de un country de Pablo Nogués.

A fines de 2012 lo condenaron a una pena de siete años de prisión en un juicio abreviado que tuvo a su cargo el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 2 de San Isidro. Y lo excarcelado en la madrugada del 1° de mayo de 2014 de la cárcel de Campana tras recibir el beneficio de la “libertad asistida” por parte de un juez de San Isidro.

Apenas dos meses después de aquello y de jurar que no caería de nuevo, quiso evadir un control policial y lo detuvieron en Bella Vista, en una camioneta en la que viajaba con otra persona y varias armas.

“Yo no hice nada. Cometí el error de subirme en el coche equivocado. Estaba por el buen camino, con muchos proyectos”, se defendió Valor en una entrevista que concedió tras su arresto, y argumentó: “¿Alguien puede pensar que salí a robar teniendo esas posibilidades y disfrutando de la libertad con mi esposa?”.

“ESTA VEZ VA EN SERIO”

“La calle está peligrosa también para un ladrón como yo. Hoy cualquier pibito te mata por un celular o un reloj trucho. El delito es pasado para mí”, dijo desde la cárcel de Urdampilleta, donde purgó los cuatros años que le dieron por el último incidente. La pena se cumplió ayer.

Lo fueron a buscar su mujer de toda la vida, Nancy Collazo, y un sobrino. “Esta vez va en serio: me retiré del choreo y a la cárcel no pienso volver más. Que quede clarito: no robo más”, prometió ayer, porque “además hoy es imposible robar un banco o un blindado. Te filman todo el tiempo”.






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