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Villa Mascardi: vivir entre el miedo al ataque y la desidia de las autoridades

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En diálogo con Infobae, los vecinos detallaron cómo esta localidad rionegrina se transformó “en el infierno más profundo”. Además, reclamaron que el Gobierno provincial y el nacional tomen medidas urgentes: “Dicen que están convocando a mesas de diálogos, pero a nosotros no nos han llamado”

Los vecinos que conviven sobre la Ruta 40, a 35 kilómetros de Bariloche, relatan que viven con miedo y amenazados por un grupo de personas que se denomina mapuche. El avance con incendios, pedradas y agresiones va en escalada desde que el conflicto territorial se recrudeció en los últimos meses.

Villa Mascardi era la postal soñada de toda persona que buscaba combinar tranquilidad, reposo y un escenario natural maravilloso. Sin embargo, esta realidad cambió drásticamente y quienes optaron por vivir en ese paraíso hoy lo reconocen como “un infierno”.

Desde 2012, Diego Frutos se instaló en la cabaña La Cristalina y, con el sueño de vivir en la zona, comenzó a remodelar la vivienda familiar. “Yo paso mucho tiempo ahí porque tengo mi actividad comercial en Río Negro, no soy un ave de paso que solo va en el verano”, asintió. “Hemos pasado años muy lindos”, expresó, pero ahora se asume como “uno más de los vecinos que hemos sido saqueados y robados”.

Hace unos días, Frutos se hizo conocido luego de que se viralizara un audio propio con un pedido de auxilio: “Gente, nos vinieron a apedrear. Esta vez va en serio el asunto. Alguien haga algo por favor, estamos con la policía, el que pueda hacer algo o llamar a alguien. Ya pedimos refuerzos. ¡Pero tenemos que hacer algo en serio, por favor!”.

La cabaña La Cristalina, propiedad de Diego Frutos, ya sufrió dos ataques, que incluyeron incendios, saqueos y rotura de puertas y ventanas. La cabaña La Cristalina, propiedad de Diego Frutos, ya sufrió dos ataques, que incluyeron incendios, saqueos y rotura de puertas y ventanas.

Y hace poco más de un mes, La Cristalina volvió a sufrir un incendio, roturas de puertas y ventanas. “Se vive con mucho miedo, con mucho temor. Por parte de ellos, mucho amedrentamiento. Cuando uno pasa para ir al ACA (Automóvil Club Argentino), a Bariloche o al almacén, tiene que tener cuidado de que no estén instalados a la vera de la Ruta, arriba de un peñasco, desde donde pueden divisar el vehículo que va a pasar. Y si te reconocen, te tiran piedras”, relató.

Con “ellos” se refiere a Lafken Winkul Mapuun grupo que dice ser descendiente de mapuche y que desde el 2017 avanza de manera sistemática en la toma de predios en Villa Mascardi, excusando que esos territorios son anteriores a la propiedad privada y les pertenecen.

“Hemos pasado años muy lindos”, pero "hemos sido saqueados y robados”, dijo Diego Frutos sobre su cabaña, La Cristalina.“Hemos pasado años muy lindos”, pero “hemos sido saqueados y robados”, dijo Diego Frutos sobre su cabaña, La Cristalina.

Mascardi: de un paraíso tranquilo a la usurpación

Geográficamente, la localidad se ubica robre la Ruta 40, entre Bariloche y El Bolsón. Si bien parece un lugar de paso, desde hace más de 50 años se asentó un poblado que fue estableciendo su comunidad y se dio lugar a la formación de una Comisión de Fomento.

Según el último censo, la población no supera los 60 habitantes. El casco está integrado por viviendas, una despensa, un destacamento de la Policía de Río Negro y una escuela pública.

En las afueras de la villa se encuentra una oficina de Parques Nacionales, una estación de servicio del Automóvil Club Argentino y un puñado de alojamientos y campamentos educativos.

Uno de esos establecimientos es “Hueche Ruca”, una cabaña para 60 personas, fundada por el Padre Aníbal Coerezza y actualmente propiedad del Obispado San Isidro.

Alejo Dasso es su administrador y contó que ya no pueden tener cuidadores porque “los viven amenazando”: “El 1 de abril, el último cuidador que tuvimos me dijo que habían saqueado el lugar y se llevaron cubiertos, almohadas, las camas, todo lo que es de cocina y hasta se habían empezado a llevar el machimbre. Todo estaba hecho un desastre”. Y agregó: “Mientras esta persona hablaba conmigo y me contaba lo que había sucedido, este grupo de encapuchados lo empezó a rodear y lo amenazaron con prender fuego la camioneta”.

Ahora, explicó Dasso, la cabaña está usurpada y, por más que hicimos la denuncia y pusimos a un abogado, “ya no se puede recuperar”.

“Hueche Ruca”, una cabaña para 60 personas, fundada por el Padre Aníbal Coerezza y actualmente propiedad del Obispado San Isidro, también fue saqueada. Según Alejo Dasso, su administrador, iniciaron un reclamo con un abogado, pero "ya no se puede recuperar".“Hueche Ruca”, una cabaña para 60 personas, fundada por el Padre Aníbal Coerezza y actualmente propiedad del Obispado San Isidro, también fue saqueada. Según Alejo Dasso, su administrador, iniciaron un reclamo con un abogado, pero “ya no se puede recuperar”.

“La cabaña estaba preparada para gente joven con problemas sociales, familias, matrimonios; desde hace 50 años se hacía un trabajo social y religioso. Pero durante las últimas visitas, este grupo se aparecía y amenazaba a los chicos”, contó.

Otro episodio, sucedió la noche del 1° de enero del 2020, cuando Dasso y su familia pasaban la noche en la playa cercana a la cabaña que administra y fueron atacados con piedras: “Esta gente ni siquiera dio la cara, salen corriendo y se esconden en el bosque”.

A fines de julio, la comunidad Lafken Winkul Mapu anunció su control territorial del campamento Hueche Ruca. “Hacemos público nuestro control territorial sobre el territorio lindero conocido como Hueche Ruca que estaba en manos del Obispado Católico de San Isidro, continuando así el legado de nuestros futakecheyem y nuestro weychafe Rafael Nahuel Iem, manteniendo nuestra conciencia clara en el marco de resistencia y control territorial hasta expulsar al winka intruso de nuestro territorio. Por último instamos a seguir recuperando territorio sin negociar ni transar”, habían anunciado a través de un comunicado.

El fuego de los últimos tres años

Todos los relatos de los vecinos y propietarios, repiten lo mismo: la gente que vive de manera permanente en Villa Mascardi padece estos avances violentos todos los días. Y coinciden en que los hechos se acrecentaron a partir de 2017.

Desde ese año, la comunidad mapuche Lafken Winkul Mapu ocupa un área de parques nacionales en Villa Mascardi y en ese momento, además, fue protagonista de un desenlace trágico a raíz de un violento enfrentamiento con el grupo Albatros de Prefectura Naval, donde murió de un balazo el joven Rafael Nahuel.

Ataque directo a gente que pasa; destrucción de los fogones, del muelle, de los baños, de las luminarias; apedreos a camiones, a colectivos, a ciclistas, a motociclistas; amenazas constantes y pedradas a las casas son amenazan “permanentes, de todos los días”, coinciden.

Los vecinos de la zona atribuyen los ataques a los Lafken Winkul Mapu, una comunidad a la que definen como "pseudo mapuche".Los vecinos de la zona atribuyen los ataques a los Lafken Winkul Mapu, una comunidad a la que definen como “pseudo mapuche”.

“La gente que queda es muy mayor, que han vivido toda la vida en Mascardi, incluso que ha nacido ahí. Les es muy complicado hacer frente a esta situación, porque uno se puede defender, pero hay personas que tienen más de 70 años, que no pueden hacerlo”, aclaró Frutos.

Y agregó: “No sé hasta cuando voy a poder seguir defendiendo mi casa porque esta gente va a seguir avanzando si las autoridades nacionales y provinciales no se ponen de acuerdo en actuar en consecuencia”.

“Destruyeron mi lugar de pertenencia”

Según la gobernación de Arabela Carreras, hubo unos 108 hechos delictivos desde 2017 en la región, aunque apenas 12 fueron identificados como acciones directas de grupos indigenistas.

Esta semana, la mandataria rionegrina mantuvo reuniones con el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, y con las ministras de Seguridad, Sabina Frederic, y de Justicia, Marcela Losardo, para avanzar en soluciones en este conflicto.

Sin embargo, los vecinos, que ya no saben cómo resguardar sus casas, son bastante escépticos: “Creo que no va a pasar nada porque todavía no hemos sido convocados los vecinos, que somos la pata más importante de todo esto. A nosotros nos hablan de que se están convocando las mesas de diálogos, pero a nosotros no nos han llamado”.

“Además hablan de que repudian los hechos, pero eso ya no puede pasar. Tienen que hacer algo y de manera urgente”. Así lo expresó Julián Cunha Ferré, administrador del campamento educativo Ruca Lauquen, perteneciente a la Congregación de los Padres del Sagrado Corazón de Jesús de Betharram, el cual fue incendiado en agosto de 2019.

“Yo estaba casi todo el año. Si no había grupos de chicos, hacíamos trabajos de mantenimiento. Siempre el lugar estaba en uso”, relató. Y recordó: “Mascardi era un lugar muy pacifico, muy de campamento, de familia, con muchos chicos. Hay un sendero que sube a un mirador. La gente hace trekking, va al lago, hay un muelle y se podía embarcar. Esa era la vida en la Villa”.

“Tienen que hacer algo y de manera urgente”, apuntó Julián Cunha Ferré, administrador del campamento educativo Ruca Lauquen, que fue quemado.“Tienen que hacer algo y de manera urgente”, apuntó Julián Cunha Ferré, administrador del campamento educativo Ruca Lauquen, que fue quemado.

“Mi idea era ir a vivir ahí, porque el campamento cada vez funcionaba mejor. Estaba arreglando una casa para irme ahí. La destrucción fue un golpe muy duro, me destruyó todo, años de esfuerzo, todos mis ahorros y también me destruyeron mi lugar de pertenencia”, expresó.

Asimismo, aseguró que constantemente ese grupo “pseudo mapuche” (como lo denominan quienes viven en el poblado) amenaza a la gente con cuchillos cuando salen a caminar.

Luis Dates, propietario de la cabaña Los Radales, por su parte, relata los hechos con un poco de risa nerviosa, “pero es una desgracia”. Desde hace dos años es dueño de esa propiedad que se encuentra sobre la Ruta 40, frente al lago Mascardi, pero aseguró que desde hace 20 años visitan la zona y se asientan de manera permanente: “Mis hijos se criaron ahí. Es nuestra segunda casa”.

“La idea era, al jubilarnos, poder ir a vivir a Mascardi. Si todos estos hechos de violencia hubiesen ocurrido antes, jamás hubiésemos invertido todos los ahorros de una vida en esa cabaña”, se quejó Dates.

“Todos los pesitos ahorrados, ponerlos ahí con el deseo de un retiro tranquilo y perderlo todo así es una frustración, un dolor muy grande”.

En marzo de este año, se responsabilizó al mismo grupo Lafken Winkul Mapu de robar e incendiar Los Radales. “Me barretean la puerta, rompen un ventanal. Tengo un sistema de alarma, va la policía, tiroteo de por medio, pero se escapan por el bosque. Luego prendieron fuego con bombas molotov y antorchas largas para quemarme el techo”, relató su dueño.

Y expresó: “Para los que vivimos ahí, Mascardi se ha transformado en el infierno más profundo”.

Fuente INFOBAE

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