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Cristian y Valeria, dos policías solidarios: abrieron las puertas de su casa para alimentar a 50 chicos todos los días

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«Percibíamos una necesidad en el barrio”, dicen la pareja encargada del “Merendero por una sonrisa”, ubicado en la localidad bonaerense de Merlo

Cristian Martínez (34) y su esposa Valeria Martínez (28) son policías. Se conocieron en la fuerza y de inmediato se dieron cuenta de que eran muy parecidos. Hace seis años son pareja y tienen dos nenas: una de 2 años y otra de 1. Hace un año y medio que instalaron en su vivienda el “Merendero por una sonrisa”, donde asisten entre 45 y 50 chicos todos los días. ¿Qué inspiró esta acción? La necesidad que veían en el barrio. Es un compromiso y una contención para los menores: hoy tienen la responsabilidad de no fallarles.

Al merendero lo manejan Cristian y su mujer, con ayuda de sus familiares, que colaboran a diario en el trabajo de organización y donan alimentos. Lo mismo hacen amigos, compañeros, jefes y vecinos. Su principal benefactor es Omar Hernández, dueño de la confitería Savona, de Caballito, que les regala las facturas y el pan para los chicos a diario. El merendero se ubica en Merlo, zona oeste de provincia de Buenos Aires, y los encargados mantienen contacto otros, que también ayudan en la medida que pueden.

La mayoría de los chicos van solos. Antes de comenzar con el proyecto, Cristian les planteó esta idea a la mayoría de los padres y ellos aceptaron: no hay otro merendero cerca. La mayoría de las familias del barrio no cuenta con un trabajo estable, de ahí que su casa pasó a cumplir un rol fundamental en la zona.

“Ella ya lleva 6 años de antigüedad, yo llevo 15 -cuenta Cristian- y ya tenemos experiencia con el trato con el vecino, con el amigo. Prácticamente el vecino termina siendo parte de la familia. Igual que los chicos. Nosotros a los chicos los vemos como parte de nuestra familia. Y eso también nos ayuda a desenvolvernos con mayor fluidez con ellos. Por eso cuando yo les hablo todos me hacen caso como si fueran mis hijos, o le hacen caso a ella, o a mi mamá, a mis hermanos. La verdad que es algo muy lindo”.

—¿Cómo nace la idea de crear este merendero?

Cristian Martinez: —Nace a raíz de una necesidad latente que nosotros percibíamos en el barrio. Tomamos la decisión de llevar esta tarea diaria adelante, que la verdad que no es nada fácil. Más allá de lo lindo y satisfactorio que es ganar la sonrisa de los chicos todos los días, es una tarea muy difícil.

—¿Qué es lo más difícil?

CM: —Lo más difícil es llevar adelante esto sin poner ningún tipo de bandera política y haciéndolo a pulmón. Nosotros esto lo realizamos con nuestro propio esfuerzo. Recibimos ayuda de vecinos. Recibimos ayuda de compañeros, amigos, conocidos. Y nosotros a principio de mes con nuestro propio sueldo vamos y compramos los recursos que nos faltan para los chicos.

Valeria Martinez: —Lo difícil es tener constantemente la necesidad de no fallarles a los chicos. Ellos tienen una ilusión y nosotros no podemos fallarles. Ellos vienen todos los días acá y cuentan con nosotros. Como dice el nombre del merendero, es por una sonrisa. Es para que ellos no pierdan la ilusión. Es para que no pierdan esa sonrisa.

—¿Como funciona?

VM: —Llegar a la casa y saber que tenés que preparar las cosas. Estar pendiente de que no falte nada. Por suerte tenemos el apoyo de mi suegra, mis cuñadas, una vecina, que también están ahí pendientes de que los chicos tengan al horario de la leche la comida. La verdad que es muy gratificante verlos después cuando ellos llegan que te digan “hola, cómo estás”. “Ay, es todo muy rico”. La verdad que te da mucha felicidad.

—¿Como se conocieron?

VM: —En la policía nos conocimos.

CM: —Trabajando en la policía. Esas son las cosas buenas que tiene la policía, a veces junta a dos personas que son del mismo árbol. Los dos teníamos esa necesidad de ayudar, fue una idea que siempre tuvimos presente. Es algo que compartíamos los dos y nuestras familias también, porque solos la verdad que se nos complicaría a veces, pero bueno.

—¿Cómo fueron los primeros días en el merendero?

VM: —Ellos son muy tímidos y sentían vergüenza de venir a un merendero. Pero después los días fueron pasando y ellos fueron familiarizándose, ya se hicieron todos amigos. Ya lo tomaban como venir a tomar la leche a la casa de Cristian, a la casa de Valeria.

CM: —A la hora de arrancar hablamos con los padres de los chicos y les planteamos la idea del proyecto que teníamos en mente nosotros, a lo cual ellos aceptaron gustosos. O sea, es una ayuda. Con la situación económica que se vive hoy en día es una mano que nos brindamos entre todos. Entre todos nos podemos dar una mano, ayudarnos y salir adelante todos. Nosotros tratamos de enseñarles a los chicos todos los días que así como ellos reciben ahora el día de mañana ellos pueden brindarla y ellos pueden ayudar a otras personas. Y que se puede, que poniéndole el corazón se puede.

—¿Cómo son los horarios de trabajo?

CM: —Nosotros hacemos el mismo horario. Estamos en el tercio primero, yo estoy en la comisaria 6B, ella está en la comisaria 1B. Y bueno, tenemos horarios rotativos, una semana a la noche, una a la tarde y una a la mañana. Son dos semanas que podemos estar y la semana de tarde se nos complica. Lo bueno es que tenemos vecinos y a nuestra familia que nos una mano enorme que ellos están en los momentos que mostos no podemos. Por ejemplo, esta semana. Nosotros ahora después del merendero nos vamos a trabajar. O sea, el horario que podemos usar para nosotros para dormir lo aprovechamos en los chicos y después nos vamos a trabajar. Son dos trabajos que van como enlazados. Nosotros servimos a la sociedad constantemente, al vecino, ayudamos a doña Rosa a cruzar la calle. Estamos continuamente haciéndolo. Y lo que hacemos en el trabajo venimos y lo replicamos acá también.

—¿Qué aprendieron este ultimo tiempo?

CM: —Lo que nos deja es que entre todos podemos. No hace falta poner ningún tipo de color político o estar pidiendo a nadie. Entre personas comunes podemos darnos la mano y seguir adelante. Si a nuestras hijas no les falta nada por qué a los chicos les tiene que faltar, vamos a hacer un esfuerzo entre los dos. La verdad que no es fácil y caminamos por todos lados y buscamos los recursos. Por suerte conocimos a un muchacho, Omar Hernández, es el dueño de una panadería, una confitería de Capital, Savona. El hombre, cuando le contamos lo que nosotros hacíamos, nos ofreció todo. Las facturas y el pan que traemos para los chicos el hombre con todo el corazón nos lo brinda. Antes nosotros teníamos que amasar todos los días cuatro kilos de harina, o cinco. Era mayor aun el esfuerzo que teníamos que hacer. Terminábamos agotadísimos. Ahora el hombre nos brinda facturas, nos brinda sánguches de miga, pan. Aparte de venir y tomar la merienda con las facturas, todos los chicos se llevan una bolsa de pan a la casa. O sea que no solamente sale en beneficio de ellos, sino que también pueden ayudar a sus propias familias. Y eso nos llena un montón.

VM: —Sí, a los chicos hay que darles una mano siempre. Ellos pueden salir adelante.

—¿Cuál fue la idea de tu mama, que ayudó a uno de los chicos?

CM: —Hace aproximadamente seis meses cuando yo les conté que nosotros estábamos preocupados por la situación académica de los chicos a mi mamá se le ocurre la idea de prepararles una sorpresa a los chicos. Una bolsita con dos alfajores, dos chupetines y caramelos como recompensa cuando ellos traían un 10 en la escuela. Hay que traer un 10 de la escuela. Increíblemente ellos se empezaron a superar y mejorar en el 200, el 300% en la escuela. Yo lo que pude percibir es que llegó un momento que ellos no venían por la bolsita, nosotros cuando traían un 10, por ejemplo, el otro día Thiago, lo aplaudíamos entre todos, eh, vamos a aplaudir a Thiago, bien Thiago porque trajo un 10. El reconocimiento que le damos entre todos era mayor que tal vez la bolsita que ellos se llevaban. Y ellos aprendieron que ellos se pueden superar si ellos quieren. Y eso está buenísimo, porque como lo contó Alexis, ellos se dieron cuenta de que podían. Tal vez en la casa no les podían dar el tiempo que les pudimos brindar nosotros. Y salieron adelante.

—Ayudaron mucho a otro chico también…

CM: —Alexis se llevaba casi todas las materias, inclusive en el primer trimestre de matemática tenía 6, en el segundo trimestre tenía 5. Con la ayuda que le brindamos cerró con 10 el último trimestre. Aparte que levantó todas las materias. Cuando él nos trajo a nosotros el reconocimiento que le dieron en la escuela a la mayor superación, imagínense el orgullo que sentíamos nosotros. Vino la familia de él, vino el padre de él a agradecernos por la ayuda que nosotros le brindamos a Alexis. Esas cosas no tienen precio. Y nosotros lo hacemos de corazón. Ustedes imagínense que hoy en día acá en el barrio ustedes les mencionan la policía, o sea, a nosotros nos llena mucho porque es lo que nosotros hacemos porque nos gusta, es nuestro trabajo. Y la verdad que no lo hicimos pensando en que los vecinos piensen esto o piensen aquello, ellos llegaron a esa conclusión porque ven lo que nosotros hacíamos. Así que bueno, acá estamos.

Fuente INFOBAE

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